Ir al contenido principal

Microrrelatos de verano

 

Photo by Jeremy Wong on Unsplash

El secreto de la abuela

Mis abuelos se divorciaron hace 30 años, él era alcohólico, agresivo y ya tenía otra familia. El 24 de diciembre del año pasado mi abuelo falleció, mi abuela lloró tanto su muerte que terminó en el hospital por una crisis nerviosa. En el funeral mi abuela nos dijo que ellos tenían un amorío hacía dos años y que planearon escapar juntos el mismo día de su muerte. Nadie le creyó y se burlaron, pensaron que era una fantasía de ella, porque durante esos 30 años todos los días la escuchábamos decir el infierno que fue vivir con él y que lo odiaba tanto que le deseaba la muerte. Lo más curioso de todo es que mi abuelo murió en circunstancias sospechosas. No se lo he dicho a nadie, pero creo que la abuela está loca y lo asesinó.

Licencia Creative Commons
El secreto de la abuela por Kasandra Zúñiga Santos se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

***

Sin título

Ellos dos decidieron tomar los apuntes de la pizarra por mí. Nunca supe quién fue el de la idea de escribir un corazón en cada “i”. Siempre pensé que fue solo para molestarme, aunque anoche vino a mi mente la posibilidad de que fuera su manera de decirme que también me quería. No lo sé, éramos solo unos niños.

Licencia Creative Commons
Sin título por Darío Alonso Calderón Ramírez se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

***

Cocorí

Cocorí desertó de la escuela para asumir la manutención de su familia. Desempleado, optó por vender sustancias ilícitas.

Años más tarde reflexiona si el narcomenudeo es el oficio de sus sueños. Secándose las lágrimas contempla no solo su rosa marchita, ahora todo su jardín tiene un aspecto árido.

Licencia Creative Commons

Cocorí por Esteban "Tevo" Durán Fonseca se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

***

¿Aqueronte? (Sueño incompleto)

Estábamos en un bote de madera, sobre un río caudaloso. Un anciano decidió tomar un remo y navegar. No se veía la orilla, pero él sabía que teníamos que avanzar. Luego de un rato nos detuvimos, el bote no se podía mover. La tonalidad del río pasó de un verduzco, a una inmensidad blanca que encandilaba. La cantidad de cuerpos blancos en el río era demasiada, chocaban entre sí. Parecían cientos de objetos, rígidos y vacíos. Podían confundirse con maniquíes, por su color y por ser tan uniformes. Todos parecían del mismo tamaño, hombres o mujeres...

Licencia Creative Commons
¿Aqueronte? (Sueño incompleto) por Estefanía Araya Umaña se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Comentarios

Publicar un comentario

Otros textos

Una nueva lengua

Imagen de Ryan McGuire en Pixabay Tenía ya muchos desplomas de estar conder. Muchas decur incutisé que iba a consola por el tegondor de mi vida. Mi última reglaman amorocosada, había sido la más clica, nante y horrislante que guiantía vivido en toda mi vida. Esta reglaman causó muchas contendentas funtivas; destruyó mi tianza y autoplente. Estaba tiramente decidida a no conjear entrar a mi coraconpor nunca más a nadie. Pero porcernar tú, la ternora que sin estar tenando estenglor, conclió y tangibió totalmente mi pentanfor y coraconpor. Y me dije a mí misma, ¡cómo puede esta ternora concheplar sentir tan tinplante, tan queticonte! En unos meses funtiaste totalmente mi coraconpor y me hiciste volver a puntecor en el amotenplo. No sé cómo lo hiciste, pero tufundiaste penetrar todo ese jastor que compretía dentro de mí y hacer que se servipiera por completo. Cada vez que estamos conglepados portiendo que solo tú y yo repletimos; no hay otro lugar en el que percore hincotar. Y pues quiero...

La muerte

Imagen de FelixMittermeier en Pixabay Cuando el insomnio llega y no queda nada más que esperar el sueño para poder dormir, llegan a mi mente todas esas incógnitas sin respuestas, esas dudas existenciales y los típicos debates con la almohada sobre qué pasará después de que nos alcance la muerte. Este normalmente es uno de mis pensamientos más frecuentes, tal vez incluso, mi miedo más grande; ataca en cualquier momento, sin importar qué esté haciendo, sin importar mi estado de ánimo o de quién esté rodeado. Él no discrimina, solo aparece. Normalmente es más persistente que nunca justo antes de dormir, cuando coloco mi celular a cargar, cuando la habitación se torna más fría, más oscura. Cuando el silencio se apodera de la noche. Todo esto logra que mi mente se vuelva más vulnerable, comenzando así mi ansiedad y la sensación de vacío en mi pecho. ¿Por qué me atormenta tanto esta incógnita? Se ha vuelto una obsesión en mi cabeza, una paranoia que no tiene descanso y está siempre como en...